Charla

Éxito y Fracaso

Jueves 11 de marzo de 2004, por Mario Luis Rodríguez Cobos "Silo"

Quien está conforme con todo, quien es un conformista y considera que todas las cosas están bien ¿qué dinámica puede imprimir a su alma? ¿Qué dinámica? ¿Cómo puede cambiar las cosas? Si todo está bien, todo está conforme, entonces ¿qué lo va a impulsar a cambiar las cosas, a cambiarse él? ¿Qué lo va a impulsar? Si todo está bien, si el señor es un conformista. Está bien, tiene derecho a ser conformista...

(Fragmento Charla de Silo, en Buenos Aires, Febrero 15 de 2004)

El Fracaso o La ilusión del éxito.

No es un tema de materiales, no es un tema de comportamientos de gente que vienen de un lado o de otro-, es con respecto a la ubicación mental de la gente en sus cosas, en sus cosas y con el Mensaje. Es un punto que siempre ha resultado muy duro y en el que venimos enfatizando durante décadas y siempre provoca el mismo escándalo. Creo que ahora produce más escándalo que antes todavía, porque se ha avanzado en este tipo de sociedad exitista, donde uno busca rédito, y ser aplaudido y ser reconocido. En estas sociedades lo peor que se puede tener, es la sensación de fracaso. Y se puede insultar a cualquiera con cualquier palabra, pero no decirle fracasado. Es la antítesis del sistema, es lo peor que puede pasarle a alguien, fracasar en algo. Es dejar a su vida sin sentido... según dicen. Al final, bueno, todos terminan como sabemos, así que ¡no tanto drama! Pero, sicológicamente hablando, internamente hablando, si alguien no considera en profundidad y con seriedad sus expectativas y los fracasos de sus expectativas, y las cosas que salieron bien o mal pero que no salieron como quería que salieran y demás, si no considera el fracaso de esas expectativas en su vida, no va a poder avanzar. De manera que cuando hablamos de fracaso no estamos hablando de un señor que se da latigazos y dice “ay,...” Estamos hablando del reconocimiento profundo y cabal de las cosas que en uno han fracasado y son totalmente ilusorias, no existen. Eso que usted se imagina, no existe; ese éxito que usted cree, no existe. Crea problemas este tema, siempre. Siempre lo ha creado, ahora más que antes. Porque las sociedades han avanzado, o mejor dicho han retrocedido, hacia, en la dirección de los éxitos provisorios, una cosa que le hace mucho mal a la gente, que hace muchos desastres por ser reconocida en esos éxitos. ¡Qué aburridera! La aburridera del éxito, se llama. Y claro, el tema del fracaso es un tema serio. No tiene que ver con los materiales. Tiene que ver con la ubicación en el tema personal, de la propia vida, del significado de la propia vida, de en qué dirección va la vida... Y desde luego se mantendrá en el fracaso si no resuelve el tema de la finitud de su vida. ¿Su vida va a ir más allá a través de sus hijos, a través de su alma, a través de sus obras, a través de la historia? ¿Quedará en la memoria, quedará en las cosas, quedará en un espíritu...? Porque si no queda, usted es un fracaso total. (Risas)

Hay un lío. Es un tema profundo, no son... Es el tema, el tema del fracaso. Claro, imaginen a alguien que, bueno, que está haciendo sus primeras armas, está trepando en la pirámide. Se mira al espejo, se pone una corbatita, imita a los modelos de la época, trata de ser lo más parecido posible para que, bueno, le den un puesto, en fin, todo eso. Él está haciendo ese esfuerzo. ¿Cómo se va a presentar? ¿Va a sacar una tarjeta y va a decir “señor jefe, soy un fracaso”? ¡Olvídate! No puede hacer eso, ¿no es cierto? Tendrá que demostrar que es un joven de éxito. Antes decían “estudie en Academias Pitman y sea un joven de éxito”. ¿No es cierto? “Estudie administración de empresas y el mundo es suyo”. “Sea un joven exitoso”. ¿Y eso qué es? ¿Qué es eso? Bueno. Y claro, y puede resultar muy complicado eso de considerar el fracaso profundo, situación que no tienen los triunfadores que ni siquiera se sienten triunfadores. Pueden quedar hasta muy bien. Imagínense un Premio Nóbel que diga “yo soy un fracaso”. ¡¡Ahhhh!!! “¡Qué humildad! ¡Qué maravilla! ¡Qué bien! Pero, hay que ver qué capacidad para...!” Esto da qué pensar. ”El Señor Presidente dice que es un fracaso y hay que ver, con las cosas que él ha logrado...” Esto da qué pensar. En cambio ese otro que está en la oficina y demás no puede decir eso porque se le viene el mundo abajo. Esto da qué pensar.

Nada, no quiero mortificar a nadie. Simplemente quiero conversar sobre este asunto del concepto de fracaso que tienen mucha más profundidad de la que a primera visión del asunto aparece. El impacto de la palabra es serio. El impacto del slogan es serio. La gente no cree tanto ni en el éxito ni en el fracaso. No cree tanto en eso como en la palabra.

En fin, quería hacer esa reflexión porque me parece que a nosotros de algún modo nos corresponde profundizar en esas realidades del alma humana. Quien está conforme con todo, quien es un conformista y considera que todas las cosas están bien ¿qué dinámica puede imprimir a su alma? ¿Qué dinámica? ¿Cómo puede cambiar las cosas? Si todo está bien, todo está conforme, entonces ¿qué lo va a impulsar a cambiar las cosas, a cambiarse él? ¿Qué lo va a impulsar? Si todo está bien, si el señor es un conformista. Está bien, tiene derecho a ser conformista, no lo mataremos por ser conformista, pero ¿qué podrá él modificar? O sea ¿cómo podrá él crecer si cree en eso?

Nada. Les dejo la idea, y ustedes vean, pero creo que se puede avanzar bastante en eso. Lo que ha pasado es que siempre (...) Significa muy poco. Y si están en otra posición mental, es totalmente insignificante la palabra fracaso. Nosotros somos un fracaso total. ¡Ehhhh! ¡Somos EL fracaso! ¡No les gusta! Y para nosotros es una pieza importante el énfasis puesto ahí. “¡Pero qué insolencia decir que son un fracaso! ¡Es un atentado a las buenas costumbres! ¡Eso no se dice!” Eso sí se dice. Bueno, muy bien, y eso es todo lo que quería conversar. Espero que la hayan pasado muy bien, que se hayan quedado con gusto a poco, que eso es muy bueno, y vamos a ver cómo avanza esto y vamos a ver cómo nos vamos encontrando y empujando nuestro proceso y el proceso de otros.

Quisiera que cerráramos esto con una ceremonia -somos muy ceremoniosos, nosotros-, para terminar, una ceremonia de reconocimiento. ¿Quién me acompañará en esto? “Ven para acá, me dijo dulcemente mi madre cierto día, y aún parece que escucho en el ambiente de su voz la...”

La palabra fracaso queda en el ambiente, pesa. Es insignificante, pero es un drama... Da qué pensar.

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