Experiencia Guiada

El Viaje

Viernes 18 de noviembre de 2005, por Mario Luis Rodríguez Cobos "Silo"

El Viaje
Experiencia Guíada

Sigo subiendo a pie por el camino montañoso. Me detengo un instante y miro hacia atrás. A la distancia, veo la línea de un río y lo que podría ser una arboleda. Más lejos, un desierto rojizo que se pierde en la bruma del atardecer.

Camino unos pasos más, mientras la senda se estrecha hasta quedar borrada. Sé que falta un último tramo, el más difícil, para llegar a la meseta. La nieve apenas molesta mi desplazamiento, así es que continúo el ascenso.

He llegado a la pared de roca. La estudio cuidadosamente y descubro en su estructura una grieta por la que podría trepar. Comienzo a subir enganchando los borceguíes en las salientes. Pego la espalda en un borde de la grieta, mientras hago palanca con un codo y el otro brazo. Subo.

La grieta se ha estrechado. Miro hacia arriba y hacia abajo. Estoy a mitad de camino. Imposible desplazarme en ninguno de los dos sentidos.

Cambio la posición, quedando pegado de frente a la resbaladiza superficie. Afirmo los pies y muy despacio, estiro un brazo hacia arriba. La roca me devuelve el jadeo húmedo de la respiración. Palpo sin saber si encontraré una pequeña fisura. Estiro el otro brazo suavemente. Siento que me balanceo. Mi cabeza comienza a separarse lentamente de la piedra. Luego, todo mi cuerpo. Estoy por caer de espaldas... Pero encuentro un pequeño hueco en el que aferro mis dedos. Ya afirmado, continúo el ascenso trepando sin dificultad en el asalto final.

Por fin llego arriba. Me incorporo y aparece ante mí, una pradera interminable. Avanzo unos pasos. Luego, cambio de frente. Hacia el abismo es de noche; hacia la llanura, los últimos rayos del sol fugan en tonalidades múltiples. Estoy comparando ambos espacios, cuando escucho un sonido agudo. Al mirar hacia lo alto, veo suspendido un disco luminoso, que luego, describiendo círculos a mi alrededor, comienza a descender.

Se ha posado muy cerca. Movido por una llamada interior, me acerco sin prevenciones. Penetro en su interior con la sensación de traspasar una cortina de aire tibio. Al momento, experimento que mi cuerpo se aliviana. Estoy en una burbuja transparente, achatada en su base.

Como impulsados por un gran elástico, partimos rectamente. Creo que vamos en dirección a Beta Hydris o, tal vez, hacia NGC3621(?).

Alcanzo a ver, fugazmente, el atardecer en la pradera.

Subimos a mayor velocidad, mientras el cielo se ennegrece y la Tierra se aleja.

Siento que aumenta la velocidad. Las límpidas estrellas van virando de color, hasta desaparecer en la oscuridad total.

Al frente, veo un único punto de luz dorado que se agranda. Vamos hacia él. Ahora se destaca un gran aro que se continúa en larguísimo corredor transparente. En un momento, nos detenemos súbitamente. Hemos descendido en un lugar abierto. Atravieso la cortina de aire tibio y salgo del objeto.

Estoy entre paredes transparentes que, al atravesarlas, producen musicales cambios de color.

Sigo avanzando hasta llegar a un plano en cuyo centro veo un gran objeto móvil, imposible de capturar con la mirada, porque al seguir una dirección cualquiera en su superficie, ésta termina envuelta en el interior del cuerpo. Siento mareo y aparto la vista.

Encuentro una figura, al parecer, humana. No puedo ver su rostro. Me tiende una mano en la que veo una esfera radiante. Comienzo a acercarme y en un acto de plena aceptación, tomo la esfera y la apoyo en mi frente.

Entonces, en silencio total, percibo que algo nuevo comienza a vivir en mi interior. Ondulaciones sucesivas y una fuerza creciente bañan mi cuerpo, mientras brota en mi ser una profunda alegría.

Sé que la figura me dice sin palabras: "Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas."

Así pues, acepto mi destino. Luego, la burbuja y el aro y las estrellas y la pradera y la pared de roca.

Por último, el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente.

Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría.

Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo oscuro, renace a la luz del ansiado Sentido.

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