Solidaridad con el pueblo tibetano

La separación de una nación o de una región puede tener sentido si los códigos, las acciones, las intenciones, no van hacia formas de aislamiento o de regresión, a formas antiguas, sino en la dirección hacia la humanización de las relaciones entre los pueblos, hacia el real reconocimiento de las diversidades, hacia la real integración entre las culturas, las naciones y las regiones que quieren representar las vanguardias en la formación de la Nación Humana Universal.


Frente a los acontecimientos de estas semanas en Tíbet, las Regionales Humanistas y todos los humanistas de Europa, Asia, América Latina y Norteamérica condenan la violencia y la represión sangrienta por parte del régimen de la República Popular China, contra los manifestantes de Lasa y muchas otras ciudades tibetanas.
Estamos frente a acontecimientos análogos a la represión violenta desatada en Birmania contra los monjes budistas y la población desarmada, con muertos, heridos y “cierre” de toda forma de información interna e internacional.

Al mismo tiempo, denunciamos la política de EE.UU. y de los grupos armamentistas, cercanos al Presidente Bush, de fomentar, por intereses particulares, en todas partes del mundo, acciones de secesionismo y desestabilización entre poblaciones, intentando arraigarse en sentimientos profundos de identidad nacional como en Kosovo y Serbia o en Palestina e Israel o fomentando una división por intereses económicos como sucede en Bolivia.

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No será la voz de los políticos interesados en la división y el enfrentamiento la que pueda abrir futuro en este momento difícil.
La cuestión fundamental es la defensa de las raíces históricas de cada pueblo, es el reconocimiento del derecho a practicar las propias creencias, religiones y culturas pero, sobretodo, es dar una salida diferente y válida como ejemplo para toda la humanidad.

La separación de una nación o de una región puede tener sentido si los códigos, las acciones, las intenciones, no van hacia formas de aislamiento o de regresión, a formas antiguas, sino en la dirección hacia la humanización de las relaciones entre los pueblos, hacia el real reconocimiento de las diversidades, hacia la real integración entre las culturas, las naciones y las regiones que quieren representar las vanguardias en la formación de la Nación Humana Universal.
Para iniciar un proceso realmente nuevo es necesaria la vía de la no-violencia pero esto necesita de una cultura proyectada hacia el futuro, una mirada del ser humano sin discriminación entre razas, con iguales oportunidades entre hombres y mujeres, sin castas ni clases sociales, una mirada capaz de priorizar el proceso por sobre el interés político inmediato.

Como humanistas pedimos a los gobiernos y líderes de las facciones opuestas que se sienten para escuchar las diferentes necesidades y propuestas y, entre la visión centralista y la nacionalista, intentar una salida diferente, intentar una salida con una visión “humanista”.

Necesitamos nuevos elementos interpretativos para comprender la complejidad de los fenómenos sociales actuales, necesitamos la paciencia histórica para abrir este diálogo tan importante y urgente para toda la humanidad. Por esto los humanistas, a través de los Portavoces Regionales o de una delegación internacional de las regiones (Europa, América del Norte, América Latina y Asia), nos proponemos para apoyar como mediación cultural entre el gobierno chino y los líderes tibetanos.
Sin este diálogo y esta perspectiva de construcción, las mismas relaciones internacionales entre China, Estados Unidos, Rusia y Europa y sus mezquinos intereses, podrían producir un choque irreversible.

Aquí no están en discusión las Olimpiadas sino la posibilidad de dar una respuesta coherente a toda la humanidad. Aquí estamos con la humildad y la esperanza, juntos con todos los constructores de nueva humanidad no-violenta.

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