Esa energía particular que aparece cuando un grupo con una larga historia se vuelve a ver en persona surgió este sábado 6 de junio cuando veinte integrantes de la comunidad Paz, Fuerza y Alegría nos reunimos en Bogotá, para un reencuentro lleno de abrazos, reflexiones y afecto. Fue una tarde cargada de presencias, palabra y una cálida alegría.
La convocatoria era sencilla: reencontrarnos y explorar juntos qué está pasando en nuestras vidas y qué proyectos podríamos construir en comunidad. Lo que emergió fue mucho más rico de lo que cualquier agenda podía anticipar.
¿Qué hicimos?
La tarde comenzó con una ronda de presentaciones en la que cada persona compartió su nombre y una frase que describiera su momento actual. En treinta segundos —o un poco más, porque siempre hay quien necesita un poco más— se fue dibujando un retrato colectivo: vidas en movimiento, procesos abiertos, preguntas sin responder todavía.
Luego vino la exploración temática. Con tarjetas y marcadores, cada quien escribió el tema en el que está puesto en este momento: lo que le preocupa, lo que le ilusiona, lo que está procesando. Las tarjetas se pegaron en la pared y empezaron a agruparse solas, como si buscaran compañía. Así se formaron nubes de ideas alrededor de cinco grandes corrientes: procesos personales, vínculos y sanación, historia y pensamiento, misión y servicio, y proyección hacia afuera.
Después del refrigerio, Enrique Amigo facilitó el taller de las virtudes, un ejercicio de reconocimiento mutuo en el que el grupo le devuelve a cada persona lo que ve en ella. Como suele pasar, lo que los demás reconocen en uno a veces cuesta más verlo desde adentro.
El tiempo se fue más rápido de lo previsto, como siempre, y el trabajo en grupos sobre proyectos concretos quedó apenas esbozado. Pero las semillas están puestas.
Lo que nos dijeron las tarjetas

Leer las tarjetas juntos fue revelador. Había personas cerrando ciclos importantes, otras emprendiendo caminos nuevos, otras preguntándose quiénes son. Había también voces orientadas hacia afuera: la noviolencia como fuerza transformadora, Latinoamérica como horizonte, el servicio como vocación.
En un momento del análisis, alguien señaló algo que quedó resonando: para nuestra comunidad, la transformación personal y la transformación social no ocurren en secuencia, una después de la otra. Ocurren al mismo tiempo, entrelazadas. Un problema que parece individual, cuando lo comparten muchas personas, adquiere una dimensión colectiva y puede abordarse en comunidad.
«Lo comunitario se construye desde lo personal y lo personal se construye en comunidad.»
Esa frase, que emergió en la conversación casi sin que nadie la propusiera formalmente, terminó siendo el hilo conductor de toda la tarde.
Lo que puede venir
De las tarjetas y de la conversación emergieron tres posibilidades que el grupo dejó abiertas para seguir explorando:
- Un ejercicio de narrativas personales. Hay mucha vida aconteciendo en el grupo. Un espacio para contarla y escucharla, desde el enfoque humanista, puede ser una forma poderosa de reconocernos y acompañarnos.
- Formación en liderazgo y servicio. Hay interés en profundizar el pensamiento humanista desde distintas perspectivas y escuelas, incluyendo la mirada latinoamericana.
- Comunicación hacia afuera. La comunidad tiene historia en esto: desde técnicas de comunicación noviolenta hasta sitios web, Moodle y redes sociales. Hoy se suma la inteligencia artificial como herramienta posible. Hay personas en el grupo ya explorando ese camino.
Mirando hacia el futuro
Estuvo presente la inquietud por el momento que vive Colombia y el mundo: las elecciones del 21 de junio, los procesos políticos que atraviesan América Latina y el mundo, el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y la vida cotidiana, la crisis ambiental. Son preguntas que no tienen respuesta fácil, pero que el grupo no esquiva, se reconocen como realidades que afectan a la humanidad y ante las cuales es importante mantener la esperanza, la creatividad y la solidaridad de la comunidad.
Saludos desde otros lugares
No todos pudieron estar en Bogotá. Varios integrantes de la comunidad que viven en otras ciudades y países de América Latina enviaron videos con sus saludos y sus palabras. Los compartimos aquí:


